Odisea a Turquía

Por Patricia Llaneza que nos cuenta su viaje al Campeonato De Europa en Turquía.

Toma anécdota de viaje. Os voy a contar mi viaje a Turquía porque ni la ida ni la vuelta tienen desperdicio. Me ha pasado casi todo lo malo que le puede pasar a uno en un viaje.

Los problemas empezaron ya en Asturias, porque el día 31 me encontré el aeropuerto cerrado por niebla. Iberia fletó un autobús para que fuéramos a Madrid, y ahí nos metimos todos: unos canarios cachondos que se pusieron a tomar bacardis en la parada que hicimos en ruta, unas rubias peperas que se iban de vacaciones, un maquillador gay andazul que iba a currar a una boda en Zebiya… y esta humilde cronista que en el colmo del aburrimiento se puso a estudiar ajedrez con el Chessbase.

De lo malo yo tenía hotel en Madrid y volaba al día siguiente, así que la única molestia fue que no pude pasarme por el hotel del universitario a tomar un vodkafé. Hubieran flipado poco…

Al día siguiente Mónica y yo salimos del hotel (que estaba lleno de abuelos) sin contratiempos y nos dirigimos a Barajas en un taxi que nos pagó una italiana que también iba p’allá. A ella se lo pagaba la empresa.

Nuestro avión salió con retraso made-in-Barajas, así que llegamos a Frankfurt algo justas para pillar el enlace a Estambul. A nosotras nos dio tiempo a embarcar pero las maletas, a pesar de tener ruedas, no fueron tan rápidas y quedaron en Frankfurt, como pudimos comprobar a nuestra llegada a Estambul.

Así pues, una vez en tierras de Alá nuestro primer contacto con los lugareños fue una complicada conversación con las tías de Equipajes. Eso del inglis les suena pero no lo dominan. Conseguimos hacernos entender y les dejamos un formulario con nuestros datos y la dirección del hotel para que las enviaran allí. Se suponía (y así fue) que llegarían en el siguiente avión de Frankfurt, esa noche.

A la salida vimos a las azafatas de la Organización, y cuando apareció el grupo de bielorrusas (sí, estaba quien todos pensais), ucranianas y otras nisus, nos metimos en el bus rumbo al hotelón. ¡Qué bonita la carretera Ataturk, con sus baches, qué bonita!

Al llegar al hotel se empeñaron en que pagáramos una pequeña fianza de… 150 euros!!!! Para cubrir posibles gastos de mini-bar, tfno, etc pero regateamos hábilmente hasta pagar una fianza de 0 euros. A cambio nos vaciaron el mini-bar.

Las maletas llegaron al día siguiente por la mañana, pero menos mal que preguntamos por ellas, porque las habían guardado y no nos avisaban. Por supuesto las maletas estaban algo dañadas, pero nada grave.

Tras una estancia idílica de 15 días en el desierto de Kumburgaz, se terminó el torneo, pasaron las dos últimas noches (pero eso es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión) y llegó el momento de volver al hogar, dulce hogar. Pero no fue fácil…

Salíamos del hotel con rumbo al aeropuerto a las 6 de la mañana. Por supuesto ese horario me exigía estar de doblete absoluto, porque si no a ver quién madruga. Llegamos al Ataturk Airport, nos escanean, facturamos, vamos a la puerta de embarque… y nos encontramos que el vuelo a Munich tiene un retraso por technical problems y que en breve nos informan. Ya empezamos.

En breve nos informaron de que hasta las 13.45 no habría vuelo a Munich. Cagontolomalo, no eran ni las 9. Nos invitaron a un desayuno en el Divan Pub (que mola) y mientras desayunábamos unos rápidos cálculos nos convencieron de que no sólo obviamente perdíamos el vuelo a Madrid (esa era nivel 1) sino también los vuelos a Palma / Asturias. Horror!!!!!!!!!!!

Enternecedor diálogo con la booooooooooooooorde del mostrador, que más o menos nos dijo que cuando llegáramos a Munich a las 4 de la tarde nos buscáramos la vida. Logramos que al menos mirara qué posibilidades había, y apareció un Munich-Palma directo (ventajas de vivir en una provincia alemana) que daba buen rollito a Mónica.

Finalmente con otro pequeño retraso el avión consiguió salir y aterrizamos sin problemas en Munich. Al llegar se puso a currar el personal de Lufthansa para hacer un encaje de bolillos con todos los que teníamos jaris con nuestros vuelos. Las tías que nos atendieron se portaron de cine: embarcaron a Mónica, mandaron aviso a Madrid pa que me buscaran hotel (no había otra), se movieron para redireccionar la maleta de Mónica… Sólo les faltó invitarnos a algo 😉

El aterrizaje en Madrid… bufffffff aquello estaba muy nublado, el avión se movía mucho… pero tocamos tierra. Y nada más llegar había una tipa esperándome para darme billete para la mañana siguiente, y bono de hotel y todoJ Ya en el hotel pude comprobar que me habían abierto la maleta en Estambul. Claro que sólo pudieron llevarse el candado porque no había nada de valor: el ordenador y el hígado viajaban conmigo.

Parecía que había pasado lo peor, pero…

Tenía vuelo a Madrid a las 7 de la mañana y en esta ocasión decidí no ir de doblete. La cosa empieza bien, retraso. Subimos al avión y nos dicen que igual salimos en 30 ó 40 minutos porque hay problemas con la niebla. Parece ser que el vuelo de por la noche ya se había cancelado por ese motivo (si lo sé vuelvo en ALSA). Así que nada, otra vez a montar en un bus de Iberia. Esta vez tuvieron el detalle de pagarnos la comida.

Llegada a Oviedo a las 16 horas. En total 34 horas desde que había salido del hotel. Hogar, dulce hogar.

P.S: no es que cierto webmaster de cierta página me haya gafado, otros españoles también tuvieron problemas. Jordi Magem llegó feliz al aeropuerto de Barcelona a coger su Barcelona-Milán-Estambul… y Alitalia estaba ese día de huelga, así que tuvo que cambiar de vuelo. Y Alfonso Romero tuvo problemas para salir del país, porque no encontraba el papel del visado de entrada y pasó un cuarto de hora de espera en el control de pasaportes. Mucho hablan de infierno griego y pasión turca pero… no será al revés?

P.S.1: No todo fue tan malo. Adjunto foto de nuestra visita a la Mezquita Azul en Estambul

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